El alegato especial es un razonamiento falaz, por el cual las personas dicen portar cierta sensibilidad o conocimiento singular hacia una creencia, práctica  o doctrina, por lo que los otros no podrían comprenderla en profundidad, dejándolos incapaces de enhebrar crítica alguna. Con este razonamiento se pretende acallar el disenso o juicio con respecto a las mismas. Es a causa de este razonamiento que religiosos, supersticiosos, o practicantes de pseudociencias (“magufos”), suelen evitar cualquier crítica que venga desde argumentos lógicos o evidencia científica que las refute, ya que para ellos quién no haya pasado por cierto proceso o no pertenezca a dicho movimiento, no estaría capacitado para comprender ciertas aseveraciones exclusivas de su grupo. 

Anticipandome a la queja de los religiosos, aclaro que los ejemplos que daré de estfalacia y demás razonamientos capciosos, pueden aplicarse a cualquier religión en el orbe. Sin embargo, por obvias razones los ejemplos que traeré para sustentarlas serán de las más habituales de occidente; si estaríamos en oriente, mis ejemplos vendrían del Islam, el budismo, el culto a Krishna, etc.

 

1) Si no eres creyente, no puedes criticar la religión
o los libros sagrados

Este sería un alegato especial de manual, y aunque no es el más utilizado, decidí ubicarlo al inicio para atender lo que puede ser la primer reacción del lector ante la nota:”¿Cómo se atreve un ateo a criticar algo que no practica?“. Es decir, sólo quienes pertenezcan a cierto grupo o hayan pasado por un proceso de conversión, pueden criticar una religión o al libro por el cual se fundamentan dichas creencias. Tampoco parecen tener demasiado esmero en cuestionar o analizar sus creencias, y menos en religiones donde se reconoce como virtud la obediencia ciega hacia los superiores.

2) Los tiempos de Dios no son los nuestros…
…Dios obra de maneras misteriosas

 Sin temor a equivocarme, este el argumento que más hemos escuchado por parte de los religiosos. Lo curioso es que cada creyente que lo enuncia, parece develar un misterio inaudito reservado a unos pocos, que no hemos escuchado jamás; es el ejemplo prototípico para hablar de falacias de alegato especial en la religión.

Siempre que alguien sufre una situación dolorosa y no encuentra respuesta aparente, apelar a un supuesto “plan de Dios”, por el cual debemos aceptar que Dios actua de formas que escapan de nuestro comprensión inmediata, es una forma pintoresca y banal de consuelo aledaño. Como plus, esto entorpece cualquier tipo de rebelión contra la figura divina, así como también con las mismas autoridades religiosas.

Peor aún es el caso de varias sectas cristianas y algunos movimientos dentro del catolicismo, que prometen “sanación emocional” mediante oración o ritos sagrados en donde Dios los sanará de sus traumas o problemas cuando lo considere apropiado. Dentro de estos sectores podremos encontrarnos a creyentes que desde décadas esperan la “cura del Señor“, que llegará cuando “Dios lo considere apropiado, puesto que solo El sabe cuando nosotros estaremos preparados“.  Además de la inútil aclaración de la ineficacia que tiene la oración, imposición de manos, misas, etc,. cabe aclarar que mediante este alegato especial se mantiene al practicante sumiso y entretenido en una práctica que no le permite solucionar sus problemas que de lo contrario sí podría trabajar de manera efectiva en tratamientos basados en la evidencia científica.

Este tipo de argumento incurre en una falacia de razonamiento circular o ad hoc, puesto que utilizan hipótesis con aseveraciones que se desprenden implícita o explícitamente desde donde se parte, para salvar las creencias de su refutación.

 

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El Señor actúa de maneras misteriosas

 

3­) Los ateos son en realidad creyentes heridos 

Este argumento pareciera ser un haz de espadas que todo creyente utiliza para referirse a quien no crea en el dios de turno. Esto podría entenderse desde la teoría de la disonancia cognitiva, de Leon Festinger: básicamente a un sujeto que fue adoctrinado religiosamente desde niño, le sera muy dificil concebir que haya personas en su entorno que digan no creer o directamente ni les interese la religión. Cuando una cognición o pensamiento va en contra de los valores o creencias que son relevantes para el individuo, el sujeto suele resolver esta disonancia de manera espontánea, adoptando un argumento que medie con dicha incongruencia. Su mismo entorno muchas veces le suele proporcionar la solución a la misma disonancia mediante un alegato especial: en realidad todos son creyentes, pero muchos están ofendidos con Dios-justo el suyo– y por eso lo niegan.

En el prólogo del libro de Alex McFarland “10 respuestas a los escépticos”,  Dinesh J. D’ Souza, quien es nada menos que el presidente del King’s College London y autor de “Lo grandioso del cristianismo”, nos cuenta un increíble e inédito secreto: 

teists ofendidos

El argumento es tan ridículo como irrefutable. Y es que la probabilidad de encontrar un mortal que en algún momento de su vida haya pasado por un momento doloroso, tiende a uno. ¿Cuales son las probabilidades de encontrar a un sujeto que al menos no haya experimentado una vez en su vida la muerte de un ser querido, una experiencia catastrófica o una situación traumática? No existe persona que no tenga heridas emocionales;todos pasamos por escenas dolorosas varias veces en la vida.

No solo eso, sino que da por hecho que todos nacemos creyendo en Dios, pero casualmente justo en el mismo en el que cree el señor D’ Souza, y no en tal vez alguno de las otras 10 mil deidades creadas por el hombre. Y como si fuera poco, establece una relación directa entre haber experimentado una herida emocional(A)y enojarse con el dios en que cree el autor(B), lo cual es además una falacia non sequitur.  De manera que todo el argumento es espantosamente demagogo.

Yo entiendo que haya gente que diga no creer en MonEsVol, pero en el fondo son personas que han experimentado un profundo enojo, angustia o situación de desamparo alguna vez en la vida, que los llevó a ofenderse con Él.

MonEsVol
The Flying Spaghetti Monster, de Sarah Pearson

4) Hacer lo que quiere Dios

Una de las tantas estrategias de los líderes religiosos consiste en exhortar a sus fieles con demagógicos discursos del estilo “¡Debemos hacer lo que Dios quiere, y no nuestra propia voluntad!”, “hay que aprender a discernir la voz del Eterno de la del demonio”; “Se debe llevar a cabo el plan divino y no el que quiere la carne o el mundo”. Pero estos peculiares itinerarios, se caracterizan por vastos discursos de sus pastores hablando del qué aunque jamás dignarse a contarles el cómo.

La página cristiana doctrinabiblica.org, en su entrada  “reconocer la voz de Dios”, nos cuenta mediante un verborrágico trance cómo es que debemos hacer para lograr discernir la voz de la divinidad en este mundo plagado de ruído. Para quienes quieran perder tiempo con la nota se percatarán que el autor cometió un imperceptible error, o un suspicaz olvido: hizo énfasis en enseñarnos cómo escuchar a Dios, pero no hizo otra cosa que explayar frases bíblicas interpretadas de manera parcial y arbitraria bajo la luz de dicha temática, así como utilizar alegorías de bajo presupuesto que nunca respondieron el cometido. Lo que perpetra el redactor es una evasiva para nunca contarnos lo que promete.

Afortunadamente no siempre la divinidad opta por tanto embrollo:

 

5) Los sacerdotes/pastores/líderes son los más tentados por el demonio. Es por eso que de vez en cuando caen y cometen inmoralidades. 

Con este rebuscado argumento aspiran a exaltar la compasión ante actos de lo más inaceptables por parte de sus propios líderes religiosos (aunque curiosamente no para líderes de otras credos, que sí parecen moralmente pervertidos). Es doblemente vistoso, puesto que la primer reacción ante un caso de público conocimiento de pedofilia o estafa perpetuada por algún líder, suele ser que “todo es una conspiración mediática para destruir su Fe”. Con esto apelan a los ya manoseados masones, judíos, o la organización secreta de moda en foros de gente conspiranoica, que tendrían como plan destruir la Iglesia Católica (como si esta fuese la organización más relevante o de mayor influencia en la sociedad) o religión a la que pertenezca el creyente. Cuando las pruebas del delito son tan claras que tiran por la borda esta primer conspiración, dicha evasiva puede mutar mágicamente en un: nuestros pastores(líderes) son los más tentados por el demonio, y es por eso que a veces uno de ellos puede caer. No hay que juzgarlos, hay que ayudarlos.

Aquí el famoso sacerdote exorcista Gabriel Amorth decide que el demonio no hace posesión del cura pedófilo sino que solo lo tienta. Hay otro curioso alegato que  reza “el demonio nos conoce y nos tienta de acuerdo a nuestras propias debilidades”. No creo que nadie en en un estado normal padezca un atormentado deseo de mantener relaciones con un niño de 5 años.

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Fuera del ostensible cinismo que conlleva dicho pensamiento, cabe denotar que este pseudoargumento impide el replanteo de cualquier problema de fondo y eso es lo más peligroso. Si una persona padece una parafilia como la infantofilia o la pedofilia, debe de hacerse tratar. Si se la aísla en una abadía amparándose en el efecto de la oración, no se está lidiando con el problema y además se están burlando de las pobres víctimas.

6)Todos adoramos al mismo Dios, pero lo hacemos bajo diferentes nombres.

Este cliché es una excelente evasiva al momento de lidiar con la disonancia cognitiva que conlleva el hecho de creer en una divinidad única y universal, y ser consciente de vivir en un mundo donde existen miles de religiones diferentes.

Pero veamos. ¿Es este argumento realmente válido? Bajo este sofisma se elude pensar en aspectos fundamentales de los diferentes cultos:

(1) No todas las religiones se remiten a un solo dios, puesto que existen politeísmos
(2) Los monoteísmos tampoco son homogéneas, puesto existen muchas variantes:
♦ Teísmo: un dios creador y acompañante de dicha creación. Varias de las principales religiones del mundo son representantes de dicha visión (judaísmo, cristiano, islamismo, etc);
 ♦Deísmo: una divinidad que es creadora, pero que se desentiende completamente de su creación y por tanto niega la intervención de Dios en el mundo. Defendida por autores como Aristóteles, Platón, Hobbes, Kant, Voltaire, T. Jefferson entre muchos otros;
♦Panteísmos: “todo es Dios” o “Dios es la suma de las leyes del universo”. En algunos casos es casi un ateísmo encubierto, y por consiguiente una visión reconocida como herética por toda religión teísta. Tiene representantes como Giordano Bruno, Spinoza, T.de Chardin, Einstein.
(3) Dentro de los teístas, como la gran mayoría de las religiones, existe una interminable variedad de creencias, valores y prohibiciones de lo más elocuentes, muchas incluso contradictorias entre sí, haciéndose  incompatibles. 

Como se puede ver, es solo una frase que conviene repetir.

7) Sigue siendo ateo, ya te arrepentirás 

 Este portentoso argumento bajo sus múltiples formas: “son todos ateos hasta que su avión se está por estrellar“, “son ateos hasta que les diagnostican una enfermedad terminal“, etc., implica una serie de premisas que desarrollaré a continuación:

  1.  Similar a lo anteriormente desarrollado, los ateos en realidad sí son creyentes.
  2. Estos creyentes, deciden llamarse ateos porque no quieren compromisos(o porque quieren pecar libremente, o la variante que usted haya escuchado)
  3. Estos ateos-creyentes, antes de morir o ante una enfermedad o situación límite se terminarán convirtiendo por miedo al castigo eterno (que también se lo da por hecho).

Más allá del argumento en sí, que ni merece mayor análisis puesto que es una falacia de petición de principio, no deja de llamar la atención el cuantioso miedo encubierto como factor sustancial detrás de este tipo de creencias.

 

Desde luego podrían enumerarse decenas de alegatos más, aunque me pareció que son estos los más usuales. Si usted quiere contarnos algún ejemplo más que haya tenido que escuchar, será bienvenido en los comentarios.

 

Por Ignacio Dutto

Varias de estas ideas fueron aportadas gracias a la colaboración de Juan Arredondo, Marita Blanco, Carlos Pose y David Heymo (escritor del blog).

Se agradecen sugerencias y correcciones a Nicolas Churchú (escritor del blog)

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